sábado, 26 de enero de 2008

viajando ya con 47 años

Nos encontramos en Calama, un pueblo básicamente minero en el cual destaca Chuquicamata, con camiones que cargan 300 toneladas y extraen a más de 1000 metros de profundidad, 1.800 millones de toneladas anuales de cobre.
El poder económico de la minería, llega hasta el punto de montar y desmontar pueblos como si fuera un simple juego de niños; o de crear artificialmente montañas bajo las cuales se esconden edificios o incluso hospitales enteros.
Varias máquinas motrices arrastran incontables vagones de tren cargados con ácido sulfúrico, cruzando la carretera al lado de carteles donde nos recuerdan que cuidemos el medio ambiente.
Solo viajando por el mundo se pueden obsevar esos especiales contrastes de la vida.
Gracias a Marco, del acogedor hospedaje "Residencial", nos estamos recuperando de un pequeño tropiezo fisiológico que nos causó un "bichito" que quería viajar gratis en nuestro estómago.
El pueblo de San Pedro de Atacama, a 2600 metros sobre el nivel del mar, es el punto de partida de distintos tours, que aunque turísticos, no dejan de ser imprescindibles para conocer la cultura y entender un poco más este desierto.
Es Salar de Atacama, los geisers del Tatio a 4200 m y a 3º c, las termas, el Valle de la luna... son lugares especiales en una región increible.
Nos hubiera gustado llegar hasta aquí en nuestras monturas, pero el cuerpo manda y si no se puede, hay que subirse a un bus o camión, que recorre en dos horas lo que nosotros tardamos en todo un dia.
Por otro lado, el aquí llamado invierno boliviano, nos ha obligado a cambiar nuestro itinerario.
Aunque estemos a escasos 200km de Bolivia y con 1200 km en bici, debemos regresar a la costa y llegar hasta Arica, para luego entrar en Bolivia ya algo alejados de la altiplanicie central; pues como dicen aca "los pasos (fronteras) a 4000 metros estan muy mal".
Así pues, habrá que volver a protegerse del sol durante al menos 10 días, aunque ya sabemos la lección y como aprendices de "touaregs" pedalearemos a intervalos y tapados hasta las gafas de sol.
Hace ya varios días que nos sorprenden los diferentes rasgos de la gente de aquí. Quizás el pasado boliviano de estas tierras, ahora chilenas, no ha desaparecido de la mirada y la piel de esta gente que sobrevive con escasos 4 días de lluvia anuales, con la esperanza de una vida mejor o de ganar un dinero en la mina para poder jubilarse más al sur, donde abunda el color verde.

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